Universitarios producirán campanas de protección para médicos que practiquen intubación en enfermos de Covid-19



Los pacientes gravemente afectados por Covid-19 pueden desarrollar insuficiencia respiratoria, lo que dificulta su tratamiento; por ello, la intubación endotraqueal es fundamental para intentar salvar la vida del enfermo.

Los procedimientos que involucran la intubación de emergencia pueden ser extremadamente riesgosos, más aún en casos severos, debido a la mala condición física de los pacientes, su incapacidad para tolerar la hipoxia prolongada y las fluctuaciones severas en la presión arterial y en la frecuencia cardíaca.

Y aunque puede parecer un procedimiento médico de rutina, en el marco de esta emergencia sanitaria resulta de alto riesgo porque cuando los especialistas lo realizan en una persona infectada, las gotas de aerosol del paciente cargadas con el virus pueden facilitar la transmisión.   

Para aumentar la seguridad de los médicos que realizan la intubación endotraqueal en pacientes afectados por Covid-19, la Universidad de Sonora se ha dado a la tarea de producir campanas de protección para el personal que requiere efectuar este procedimiento.

Al respecto, Armando Ayala Corona, jefe del Departamento de Física de la máxima casa de estudios de la entidad, señaló que la propuesta de producción de campanas de protección surgió de la inquietud de varios académicos respecto a la forma en cómo se puede ayudar a las instituciones de salud desde las propias capacidades, tanto académicas, como técnicas y de infraestructura.

“Desde la Universidad de Sonora, distintos académicos están buscando aportar posibles soluciones a problemas que se puedan presentar; en muchos casos, nuestros conocimientos no son en áreas de salud, por lo que las propuestas que estamos haciendo deben ser revisadas y avaladas, según el caso, por personal de salud”, destacó, y añadió que desde la administración universitaria se pueden ofrecer y gestionar los apoyos a otras instituciones que pudieran estar interesadas en los proyectos que se diseñan para afrontar la emergencia sanitaria que hoy vivimos.

De hecho, mencionó, nos acaban de autorizar recursos de la Universidad para la adquisición de material y producir 15 campanas para el Isssteson.

La campana es un equipo auxiliar que puede ser utilizado en cualquier hospital público o privado, local o regional. Se puede emplear en cualquier instalación ya que es un módulo de apoyo portátil, y sus dimensiones son tales que permiten su utilización prácticamente en cualquier cama o camilla, agregó Ayala Corona.

Recordemos que el procedimiento de intubación es invasivo y en ocasiones, como reacción a la práctica, el paciente puede expedir fluidos corporales (toser fuertemente), que son fuente directa de contagio, de manera que con esta campana se está interponiendo literalmente una barrera entre el médico y el paciente, así como también entre el paciente y otro personal de salud que esté apoyando al médico, con lo que no sólo se protege al doctor, sino también a enfermeras, camilleros y quien pueda estar cerca durante el proceso de intubación.

 

Trabajo en equipo

 

En específico, dijo, la propuesta de las campanas de seguridad nació en el Taller de Máquinas y Herramientas del Departamento. Esta es un área de trabajo cotidiano desde su creación en la década del setenta; “ahí se desarrollan prototipos didácticos, se producen equipos de diseño propio para uso en los laboratorios de docencia, en donde se le brinda servicio a todos los estudiantes de la Universidad que llevan cursos de Física Básica: ingenierías, ciencias de la salud y, por supuesto, ciencias exactas. También se producen instrumentos y piezas de apoyo a la investigación, de manera que es un taller muy versátil”.

La idea de las campanas se presentó por académicos, y en la construcción de los prototipos —uno con acrílico de 3mm de espesor, y otro con acrílico de 5mm— estuvieron involucrados docentes de la División de Ciencias Exactas y Naturales y de la División de Ingeniería (Química y Metalurgia, Industrial y Polímeros y Materiales), así como también trabajadores manuales del taller; sin embargo, ya hay una convocatoria abierta a estudiantes que voluntariamente quieran apoyar en caso de que sea requerida una producción masiva.

“En términos de esta contingencia, en lugar de pensar en una distribución de largo alcance, lo adecuado sería apoyar a instituciones en localidades alejadas para su construcción en esos lugares. Tal vez tenga sentido producir para hospitales en la región, pero pensar en alcances más amplios complicaría la situación, y no es el fin de la Universidad ni del proyecto”, precisó el jefe del Departamento de Física.

El diseño de la campana de protección no es nuestro, pero sí el proceso de construcción local, aclaró. “El diseño es de dominio público y está basado en equipo hospitalario de muchos años, como son las incubadoras cerradas, además existen varios diseños de campanas de protección que se utilizan en ambientes con distintos niveles de riesgo”, por lo que no se violan derechos de autor.

Aunque no hay un compromiso específico, la Universidad buscaría la manera de cumplir las expectativas de las Instituciones que consideren de utilidad estas campanas de protección que, como todo equipo de seguridad, añade cierta limitación de movilidad a quien lo utilice, pero más que mejorar la maniobrabilidad del personal, lo que se busca en aumentar su protección.

Estamos viendo de qué forma se puede apoyar a las instituciones de salud que, por lo que se ve, van a estar atendiendo a un elevado número de pacientes en las próximas semanas. Esto nos preocupa como académicos, como universitarios y como sociedad, por ello buscamos apoyar al sector salud desde nuestra trinchera, concluyó Armando Ayala Corona.

De acuerdo con estimaciones de la Dirección General de Promoción a la Salud y Prevención de Enfermedades del estado de Sonora, de no acatarse las medidas estrictas de aislamiento social se prevé que a nivel estatal la cifra de contagios alcance los 61,495 infectados, de los cuales, más de 43,000 ocuparían asistencia médica; de ellos, más de 34,000 serían enfermos con atención ambulatoria, poco más de 7,000 ocuparían hospitalización y más de 2,000 requerirán terapia intensiva. En este escenario, se calcula que habría 667 defunciones.

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